Contemplando un paisaje que se quema
Preguntas que surgen en tiempos de crisis como bálsamo reparador
El 7 de Enero tuve que evacuar mi casa en Los Angeles porque amaneció llena de humo y ceniza por los incendios en los cerros adyacentes. Aunque tengo la suerte de que mi familia y mi hogar estén a salvo, esta tragedia ha consumido por completo mi atención (y sistema nervioso) durante la última semana.
Antes de abrir una conversación sobre este paisaje, quiero poner en el centro el dolor y la devastación inconmesurables de los humanos que perdieron sus hogares, pertenencias, negocios, escuelas, bancos de semillas y hasta seres queridos a merced del fuego.
Mientras escribo esto el dolor de esta pérdida aún se está solidificando en mí, en esas comunidades, y en la tierra.
Aprender sobre la ecología de un territorio es una forma necesaria de respetarlo
El ecosistema de California del Sur es conformado en su mayoría por Chaparral. *Nota muy tierna: este nombre viene de la palabra chaparro, es decir, enano, porque ningún arbusto en él crece más de 2 metros. Este bioma tiene una relación muy íntima con el fuego desde antes de que lo ocuparan los humanos, cuando grandes pedazos de la superficie ardían por combinación de la sequía, los fuertes vientos y los rayos de las tormentas eléctricas. Se estima que este ecosistema veía grandes incendios entre cada 30 y 150 años.
¿Te imaginas ser un Chamizo en uno de esos cerros y formar parte de aquel ritual?
Esta danza epopéyica de vientos, rayos y montañas se transformó cuando llegaron los humanos; pero no porque pararon los incendios, sino porque cambiaron.
Históricamente, las tribus indígenas como los Chumash manipulaban el paisaje mediante quemas prescritas para hacer que las plantas (de las que obtenían fibras para tejer canastas) crecieran más rápido, y también como forma de fortalecer y administrar sus cultivos agrícolas. De hecho, muchas plantas nativas evolucionaron de manera que sus semillas solo germinan después de recibir el humo de los incendios, y otras son notorias por crecer en abundancia desde las cenizas después de que se apaga el fuego.
¿Te imaginas danzar con el fuego por tanto tiempo que aprendiste a florecer desde las cenizas?
A esas plantas les dicen fire followers, o seguidoras del fuego:






Durante la colonia, llegaron un montón de señores ajenos que quedaron hipnotizados con la belleza única de esta costa y muy pronto se dieron cuenta de que todo lo que se construye aquí, eventualmente se convierte en leña. Pero para sorpresa de nadie eso no detuvo a los humanos de seguir construyendo y construyendo. Un común caso de elcomplejoquetienenloshumanosdequererconquistarlatierraatodacostaysincosecuencias. Nada nuevo aquí.
Para los 1920s ya había enormes fincas que eventualmente se convirtieron en cabañas, hoteles, y centros de retiros. Hoy en día es una zona bastante desarrollada y poblada. Pero al introducir a un territorio que ya es altamente inflamable otros agentes de ignición como red eléctrica, carros, estufas, gasolina… Y sumándole a esto el calentamiento global, ¿qué esperaban que iba a pasar?
La frecuencia desproporcionada con la que ahora arden estos incendios forestales –que por cierto vienen sucediendo en los mismos patrones durante los últimos 90 años– no solamente perjudica a los humanos que se han asentado ahí, sino también al ecosistema. Los incendios ahora arden a temperaturas mucho más altas y por mucho más tiempo, poniendo en riesgo la recuperación del Chaparral. Esto lo expone a que se llene de especies invasivas, y deja a la montaña desprotegida sin los sistemas de raíces grandes y sabios de los arbustos que la sostienen, dando cabida a grandes deslaves.
Ahora bien, yo llegué a este territorio como semilla que sopló el viento apenas hace un año, y para poder comenzar a germinar en esta tierra, solo me he dedicado a observar, ofrendar, preguntar y aprender. Esta historia no la cuento desde una posición de autoridad sino desde mi humilde experiencia como animalito curioso que está aprendiendo a amar el Chaparral y que quiere que todos busquemos amar los ecosistemas en los que vivimos y construimos nuestros hogares.
Las cenizas como espacio para pausar y cuestionar
Es difícil vivir en una sociedad que no ve a los ecosistemas como una red de seres vivos igual de importantes que los humanos, sino como un recurso inagotable para explotar. El sistema actual no permite ni por un minuto que paremos a cuestionar la manera en la que estamos estructurando nuestras ciudades y nuestras vidas, y eso nos está enfermando de cuerpo y espíritu. Nos está enseñando que está bien seguir intentando dominar un paisaje que se va a seguir quemando y nos va a seguir quemando con él.
¿Qué pasa si pausamos un momento para preguntar qué nos están queriendo decir las montañas –una y otra vez– con estos incendios? ¿O con todos los otros ‘‘desastres’’ naturales que están cada vez más exacerbados en todo el mundo?
El discurso que está surgiendo a raíz de esta tragedia en Los Angeles es ‘‘vamos a reconstruir lo más rápido que podamos’’. De hecho, el gobernador de California firmó una orden ejecutiva para suspender la revisión de los requisitos de la Ley de Calidad Ambiental de California (CEQA) y la Ley de Costas de California para hacer que la reconstrucción de todos los hogares y negocios sea más rápida. Sí. Las autoridades gubernamentales de verdad dijeron: el mal manejo de nuestra relación con la naturaleza causó este desastre y justamente por eso la vamos a sobrepasar sin cuestionar ni regular absolutamente nada por centésima vez.
Entiendo que detrás de esta urgencia por reconstruir todo hay miles de humanos muy adoloridos, pero yo creo que las quemaduras sanan mejor desde la humildad que desde la soberbia. No somos más grandes ni más importantes que las montañas, el viento ni el fuego. Y sé de primera mano lo sanador que puede ser para nuestros corazones aceptar esta verdad, en lugar de querer dominarlos y salir derrotados y calcinados una, y otra, y otra vez.
Cuando observamos con atención a los ecosistemas, nos acercamos a un mundo de danza, mito y poesía. Nos acercamos a fuerzas y entidades que se han ido extinguiendo en nuestra narrativa cotidiana pero están más vivas que nunca en esos lugares. Es urgente redireccionar la mirada hacia ellas para recuperar nuestra conexión con el aliento de vida que nos creó.
A una semana de esta tragedia, todavía no logro procesar el nivel de devastación que están causado los incendios. Y ciertamente tampoco tengo la solución a este problema. Pero lo que sí tengo es la certeza de que la tierra nos está llamando a cuestionarnos y replantearnos muchas cosas, y eso aplica a todos los humanos en todos los paisajes del mundo:
¿Cómo podemos tener a los seres más-que-humanos en cuenta cuando construimos nuestros hogares? ¿Qué cambiaría si dedicáramos tiempo y energía a aprender sobre el territorio en el que vivimos? ¿De qué maneras puede el ecosistema enseñarnos a ampliar nuestra red de relaciones? ¿Cuáles son las plantas nativas de nuestro paisaje, qué animalitos las polinizan, y qué podemos hacer nosotros como co-habitantes para apoyarles?
¿Podemos imaginarnos cuánta belleza y abundancia nacería de esa relación? ¿Podemos concebirnos como parte de ese sistema de raíces bajo el suelo que trabajan en conjunto para mantener la vida? ¿Soy capaz de dejar de pensar solamente en mí, y comenzar a pensar en todos los seres que me rodean y hacen posible la vida en donde estoy?
Así es como lentamente, con atención, humildad, y respeto, podemos volvernos paisaje.
Así podemos aprender a ser viento, rayo, nube y montaña.
Así podemos aportar y nutrir a la tierra que nos sostiene en vez de solo consumir y extraer.
Y así entendemos que esa tierra está aquí para sostenernos y arrullarnos mientras nos atraviesa este sufrimiento, y para enseñarnos que desde el cuidado recíproco todo puede renacer.
Gracias por estar aquí ❋
–Adrianna
Cómo ayudar
Mi plataforma es muy pequeñita, pero igual quiero compartir formas de ayudar a los humanos afectados por estos incendios mediante donaciones, sin importar en qué parte del mundo estés.
Lista de músicos y profesores de música que perdieron sus instrumentos en los incendios.
Donaciones para el Departamento de Bomberos de Los Angeles
Donaciones para Pasadena Humane Society para ayudar a animalitos desplazados
Por último, si vives en California o te interesa aprender sobre este paisaje, estos humanos con proyectos increíbles han sido grandes recursos para mí:
Y si no vives en California, te recomiendo buscar organizaciones o personas con esfuerzos de restauración ambiental para que aprendas más de tu paisaje local ♡




