Hospitalidad Radical
En tiempos de urgencia, permitámonos ir despacio
Hola humano lector, estoy escribiendo esto desde una isla pequeñita en el lago Muskoka en Ontario, Canadá. Originalmente territorio Anishinaabe. Aquí el cuerpo se quiere mover lento (lentísimo) y es casi imposible mirar una pantalla por mucho tiempo porque hay muchos seres peleándose por mi atención. Eso significa que es muy difícil ser productiva según los términos de productividad de los humanos pero muy fácil serlo según los términos de productividad del lago.
He tenido la dicha de pasar gran parte del verano aquí, y he estado pensando mucho en el concepto de contención. Estar en una isla dentro de un lago es bastante peculiar: estás contenido dentro de un pedacito de tierra que está contenido dentro de un cuerpo de agua que está contenido por más tierra alrededor. Como una Matrioshka de la naturaleza.
Cuando pienso en un lago, me imagino un cuerpo de agua tranquilo, poco acontecido y predecible. Un charco de agua grande. Pero este lago es más grande que un charco y está lleno de islas y conectado con otros lagos y ríos que tienen temperamento parecido a las corrientes del océano pero propias de ellos. Hay muchísimas cosas pasando aquí: las algas creciendo en el fondo y los castores haciendo sus presas y las tortugas nadando en las orillas y los pinos soltando agujas y la luna pintando diamantes en el agua y las ardillas enterrando las bellotas y el musgo suavecito creciendo en las piedras y haciéndolas muy resbaladizas.
Vivo en un perpetuo estado de asombro por cómo puede estar pasando tanto dentro de un cuerpo de agua aparentemente cerrado. Cuántas cosas y a cuántos seres contiene este lago y cómo tiene espacio para todos los que estamos aquí, humanos y más-que-humanos. Ha sido mágico poder ser parte de esta Matrioshka aunque sea por una temporada.
Esta isla-bosque-lago me ha ofrecido muchos regalos, pero el más valioso ha sido darme espacio para sentir, en tiempos donde todo se mueve (y quiere que nos movamos) a velocidad de rayo. En este tiempo de introspección han surgido pensamientos, ideas, heridas, dolores, tristezas -algunos míos y otros ajenos pero que también son míos, porque están pasando en la Tierra- y así como el lago, yo también contengo todo eso dentro de mí.
Imitando el movimiento sutil de la corriente del agua, las hojas en el viento y los paticos flotando, he podido estar más presente dentro de mí misma y realmente alcanzado a sentir en mi cuerpo mis emociones y mis pensamientos. Y cuando va cayendo el velo que pretende que soy un individuo aislado, también percibo las emociones y pensamientos de todos los otros humanos flores hongos animales musgos y demás que están enredados en el mundo conmigo. Abrirse a la belleza es también abrirse al dolor, y a veces (muchas veces) puede ser abrumador.
En este momento me estoy formando como guía de terapia de bosque, y el grupo con mis compañeros se ha convertido en un contenedor hermoso. Hemos estado conversado sobre el concepto de hospitalidad radical, que se trata de hacerle espacio a absolutamente todo lo que quiera surgir sin juzgar ni interrumpir; simplemente observando y sosteniendo. Es más fácil decirlo que hacerlo, especialmente porque aparecen muchas contradicciones y puede ser confuso tratar de habitarlas.
Contengo amor irreprochable por todos los seres vivos, y también dolor profundo por su extinción y la de sus hábitats (incluyéndonos). Contengo dicha por estar viva y tener todas las oportunidades y privilegios que tengo, y también culpa porque no todos los otros seres tienen la misma suerte. Contengo ilusión por expandir el trabajo que estoy haciendo de reaprender a relacionarme con el mundo -e invitar a otros humanos a hacer lo mismo- y también muchas inseguridades y la voz persistente del síndrome del impostor. Contengo energía y voluntad para lograr mis metas, pero también cansancio y resistencia al discurso de productividad constante.
Cuando llevo esta práctica a mi cuerpo, siento como si mi barriga fuera un lago, y en vez de islas y árboles y animales, está llena de emociones, pensamientos, ideas, sueños y miedos. Entonces empiezo a notar exactamente cómo se sienten todas esas cosas en mi barriga -o donde sea que las sienta- y cuando les doy espacio; lo que es hermoso se hace más hermoso, y lo que duele, duele un poco menos. Esta es la medicina que me regala este lugar: la oportunidad de observar y contener todo lo que surge.
Quizás la hospitalidad radical se trata de habitar la contradicción como terreno fértil en vez de bloqueo; de descubrir si somos capaces de sostener las tensiones que nos habitan, y tal vez, hasta verlas como maestras.
El lago me dice que la plenitud no viene de estar vacíos de conflictos, sino de aceptar que en la profundidad hay espacio para todo.
Que el aroma de estos Cedros te alcance y te endulce,
Dear friend, the times are urgent.
Let us slow down.
-Bayo Akomolafe




